Olentzero

 

Tenía que ir a la guardería que tiene por nombre KUTTUNA.

¡Qué bonito nombre!

Yo quería saludar a los niños y niñas de esa guardería y entregarles un regalo. Como todos los años.

Pero estoy acostumbrado a andar en el monte. Me costó encontrar el sitio donde estaban los peques. Entre tanta casa, tanto coche, casi casi me pierdo, pensé. Los niños se van a aburrir. No voy a llegar a tiempo.

Pero, de pronto, oí unos lloros. ¿Será ahí? Me pregunté. Seguí el camino que indicaban esos lloros y enseguida, ¡qué bien!, los lloros se convirtieron en cantos. Unos cantos bonitos, dulces. Cantados por niños y niñas con agradables voces.

 

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Esperando al Olentzero

Estaba escuchando esas canciones, cuando sonó un cántico que hablaba del Olentzero… ¡Ese era el lugar donde tenía que ir!

Se me cargaron los ojos de lágrimas de la emoción que sentí.

Tuve que sacar el pañuelo para enjugarme las lágrimas.

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El Olentzero contando su historia

Coloqué en mi hombro el saco donde llevaba los regalos, con una emoción imposible de explicar. Entré en un local donde se encontraban ilusionados los niños con sus madres, padres y andereños.

Saludé a todos levantando los brazos.

Un ¡oooooooh…! , prolongado, se oyó en el local.

Yo estaba muy emocionado. Me costaba no llorar de la emoción. Traté de mirar, saludar, ver a todos los niños y niñas que se quedaron con la boca abierta cuando aparecí en la sala.

¡Habían cantado al Olentzero y el Olentzero había aparecido!

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Olentzero entregando oparis

Después, disfruté contándoles una historia sobre el “astotxo” que tuve el pasado año y el que tengo ahora.

Escuchaban con muchísima atención. Con unos ojos abiertos tan grandes y tan emocionados que parecía que había el doble de niños.

Yo me emocioné, al ver los niños y niñas cómo estaban disfrutando. Tuve que volver a enjugarme las lágrimas.

 

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Que de oparis!!!

 

 

Cuando les entregaba los regalos, este año, entre los regalos había una fotografía de mi “astotxo”, todos querían sacarse una foto conmigo. Algunos me daban un beso, ayudados por sus amas o aitas. Otros se asustaban un poco. Otros eran muy espontáneos.

Todo fue muy hermoso, para mí.

Cuatro de los niños me entregaron la carta al Olentzero, pidiendo sus regalos, porque sabían que al día siguiente, en sus casas, les iba a dejar yo más juguetes. Espero que estén contentos por los regalos recibidos.

Antes de entregar los regalos les pregunté si habían sido buenos y… casi antes de terminar yo la pregunta surgió un atronador ¡SIIIII….! Dicho por los peques y ayudado por aitas, amas y andereños.

Sacamos infinidad de fotos.

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Cabras enanas en la escuela

Después, los niños me ofrecieron un aperitivo muy bueno, había chuches, pinchos de tortilla, jamón… y para beber otras cosas. Todo estaba muy bueno y tengo que agradecer a los niños y niñas lo bien que se portaron todos.

Para mí fue una fiesta muy bonita.

Es muy bonito ser Olentzero cuando los peques se ilusionan al verte y sus ojos se agradan llenos de ilusión.

Lo que quiero ahora, es que los peques mantengan esa ilusión para toda la vida.

Eskerrik asko Kuttuna bihotz-bihotzez.

OLENTZERO

 

 

 

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