LOS SENTIMIENTOS

Este mes, en la clase de los mayores, hemos empezado con el tema de los sentimientos. Los niños, desde el primer momento de su nacimiento tienen sensaciones muy fuertes. Aun así, esas sensaciones son pocas y primitivas. Con el paso del tiempo esas emociones se van ampliando. Es nuestro deber enseñar a los más pequeños a diferenciar y a caracterizar esos sentimientos, ya que un desarrollo emocional saludable es muy importante para otros tipos de crecimiento.

En Kuttuna, creemos que la habilidad de manejar los sentimientos de forma apropiada tiene que darse desde los primeros años de vida. Si se les proporciona a los niños un espacio en el que a través del juego identifiquen, expresen y manejen adecuadamente sus emociones, conseguiremos que vayan incorporando recursos poco a poco en sus vidas cotidianas.

Un niño que trabaje desde una edad muy temprana la inteligencia emocional, tendrá confianza en sí mismo y creará y mantendrá relaciones satisfactorias, comunicando lo que necesita, piensa y siente en cada momento; siempre teniendo en cuenta los sentimientos de los demás. Del mismo modo, el niño estará motivado para explorar y afrontar desafíos y aprender. Y así poseerá una autoestima alta. Todo lo mencionado anteriormente influirá de forma muy positiva en todas las áreas de la vida.

En la gela de los mayores hemos trabajado los sentimientos de formas diferentes, enseñándoles imágenes con diferentes caras que expresan emociones (tristeza, felicidad, enfado…), mediante un cuento (Koloreetako munstroa) y por último haciendo un bote de la calma…

Nos ha parecido interesante explicar un poco de que trata este bote y lo que se puede o se quiere conseguir con él.
Todos sabemos que calmar a un niño a veces puede ser una tarea muy difícil. Pero este invento promete calmar al niño en cuestión de minutos. El bote de la calma está inspirado en el método Montessori y con él se trabaja la creatividad y la autonomía.
Como el nombre indica, la función principal de este bote es calmar a los niños después de una rabieta, molestia o llanto, cuando ya nada parece funcionar. El frasco de la calma es un bote con pegamento líquido y brillantina. Sólo con agitarlo se genera sus beneficios, y si les enseñamos a los pequeños a tomar unas respiraciones profundas mientras se concentran en los que pasa dentro del bote, ¡mucho mejor!

Algunos estudios han demostrado que cuando un niño observa en este bote la caída del brillo, organiza y centraliza el sistema nervioso. Cuando el niño esta estresado, el ritmo cardíaco y su respiración se aceleran y al ver la lenta caída del brillo hace que inconscientemente la agitación del niño disminuya. Además, el adulto puede crear un espacio para que el menor intente explicar que es lo que le sucede y así entender que es lo que siente.
Hay que tener en cuenta que cada niño es diferente, por lo cual cada niño responderá a este bote de una manera diferente. Este bote funciona mejor en niños de dos a cinco años.

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